lunes, 9 de abril de 2012

UN VISTAZO AL FONDO DE ARMARIO CICLISTA (II): LOS SETENTA

Continuemos nuestro repaso a la moda ciclista con los años setenta.  En muchos sentidos, y también en lo referente a la moda y la parafernalia ciclista, la década de los setenta fue una continuación de los años sesenta. La década comenzó con el mismo aliento moderno, rupturista y quizá revolucionario con el que habían terminado los sesenta: pero tal impulso inicial fue agotándose poco a poco. Los sententa fueron años de utopías vacilantes, podría decirse que a los setenta se les atragantó la modernidad, o el mundo soñado desde 1968.  Fueron tiempos de tensiones, entre la revolución y el conformismo, entre las utopías, muchas veces fanáticas y violentas, y los nuevos tiempos consumistas: de ese tira y afloja surgió sin duda nuestro tiempo actual, y en ese sentido puede decirse que los años setenta fueron fructíferos.

La década comenzó con la muerte de Jim Morrison en la bañera y terminó con el suicidio de Ian Curtis en la cocina. En esta década se pasó del Proceso de Burgos y la Operación Ogro al destape y la amnistía; de la revoluçao dos cravos de 1974 en Portugal, a la revolución islámica de Irán en 1979; del Anti Edipo de Gilles Delueze y Felix Guattari a La condición postmoderna de Lyotard; del spaghetti western y la blaxploitation a los taquillazos de Tiburón y Star Wars; del Bohemian Rapdsody de Queen a la eclosión del punk; pasando por el caso Watergate, Abba y Camilo Sesto, la discoteca Studio 54, Coppola y Scorsese, Cruyff y Beckenabuer, la toma de Saigón, el asesinato de Pasolini, el harakiri de Mishima, los Ángeles de Charlie, los secuestros de aviones del FPLP, la banda de los cuatro, el giallo de Dario Argento, Septiembre Negro,  Pinochet y Videla, los pantalones de campana, la Rote Armee Fraktion, las Brigate Rosse, la crisis del petróleo y el Yes sir, I can Boggie de Baccara.

En lo referente al ciclismo, los setenta fueron una gran década, quizá la mejor de todas. El primer lustro estuvo marcado por la impronta de Eddy Merckx. El belga vencía de marzo a octubre, en todas las condiciones y terrenos, ya fuese pruebas de un día o vueltas de tres semanas, en llano o en subida, en línea o en contrarreloj, encontrando siempre rivales de su altura (Felice Gimondi, Luis Ocaña, Roger De Vlaeminck). Y cuando el belga se retiró en 1978, tomó el testigo Bernard Hinault, que ya a finales de la década comenzaba a imponerse como el mejor corredor del momento, destacando por encima de otras figuras como Freddy Maertens, Francesco Moser o Giuseppe Saronni. Aparecieron los primeros cuadros de titanio y la marca de componentes japonesa Shimano irrumpió con fuerza en el mercado europeo.

Pero en lo que respecta a la moda ciclista, hubo pocos cambios: los culottes seguían siendo completamente negros, y en los maillots predominaban los diseños simples, pero sin la elegancia de la década anterior. De hecho, a mediados de los 70 se apreció cierta "barroquización" en el estilo básico de los sesenta. De esta forma, triunfaron los diseños a rayas horizontales, y como novedades, se incluyó por primera vez publicidad en los hombros, así como bandas horizontales en los flancos del maillot. Algunas marcas, como Adidas, Puma o Le Coq Sportive, se introdujeron en el ciclismo.

Eddy Merckx con el maillot C & A de 1978.

Bernard Hinault con el maillot RENAULT - GITANE de 1978.

El colombiano Martín Emilio Rodríguez con el maillot del BIANCHI - CAMPAGNOLO de 1973. Este maillot retomaba el diseño del Bianchi de Fausto Coppi, equipo de los años 40 y 50.
Fausto Bertoglio con el emblemático maillot BROOKLYN de 1973. Este fue el primer maillot que incluyó publicidad en los hombros.
José Antonio González Linares con el maillot KAS de 1975. Este fue el primer maillot que incluía formas redondeadas.
El belga Victor Van Schil, uno de los principales gregarios de Eddy Merckx en el equipo MOLTENI de 1971
Renato Laghi con el maillot del VIBOR de 1979.

El equipo holandés GOUDSMIT HOFF de 1971. En la fotografía, Leo Duyndam.
El equipo italiano MECAP - HOONVED de 1979.
El campeón holandés Joop Zoetemelk con el maillot del MIKO - MERCIER - VIVAGEL de 1979.
El francés de origen español Mariano Martinez, con el maillot del SONOLOR - GITANE de 1974.
Dietrich Thurau con el maillot del IJSBOERKE - WARNCKE de 1979. El maillot ya había aparecido en 1974, con una banda vertical azul en los costados del maillot.


sábado, 7 de abril de 2012

UN VISTAZO AL FONDO DE ARMARIO CICLISTA (I): LOS SESENTA

Vuelvo a las bicis, y dispuestos a regresar, qué mejor que hacerlo con un tema fascinante a la par que retro, un apartado en el que se dan la mano bicicleta y arte: vamos a zambullirnos en el apasionante mundo de la indumentaria ciclista. El tema es más que apropiado a día de hoy; a pesar de que los bolsillos menguan cada día un poco más, en boca de todo el mundo está la palabrita vintage (vintage esto, vintage aquello...), como una especie de "abracadabra" que santifica y endulza todo sustantivo al que acompaña y a todo objeto al que designa. Y curiosamente la bicicleta es hoy más vintage que nunca. 

Comenzaré por la década de los 60. Una década movida donde las haya: se pasó del miedo nuclear a la conquista del espacio; de las revueltas mod a la orgía hippy; de la nouvelle vague a las road movies americanas; del Gran Salto Adelante a la Revolución Cultural; de la construcción del muro de Berlín en 1961, al suicidio a lo bonzo de Jan Palach en Praga en 1969; de las matanzas de manifestantes argelinos en París en 1961, a  la guerra de los seis días entre Israel y los países árabes; del tiro a Kennedy en Dallas, a los bombardeos con napalm en Vietnam; de Bahía de Cochinos al cadáver del Che en Bolivia; del estructuralismo al postestructuralismo y la nueva izquierda; de James Bond a Frank Bullitt; de Elvis Presley a Jim Morrison; de Miles Davis a Syd Barrett; de la serigrafía de MarilYn a The Factory; de Lumumba a Mobutu; de la beatlemania a Woodstock, pasando por Ravi Shankar y los viajes de LSD; de Audrey Hepburn a Jane Fonda, pasando por Twiggy y Brigitte Bardot.

En lo referente a la bicicleta, era la época del glamuroso Jacques Anquetil contra el popular Raymond Poulidor, el ocaso de los grandes escaladores Gaul y Bahamontes, y el periodo de la razzia belga en las pruebas de un día, protagonizada por Rik Van Looy, y más tarde Walter Godefroot y... Eddy Merckx.  Fueron los años en los que, tras la muerte de Tom Simpson en el Mont Ventoux en 1967, se puso en marcha la lucha contra el dopaje. Eran años de bicicletas de acero y maillots de algodón.

Fueron precisamente estos años en los que se crearon los maillots más míticos, más elegantes, aquellos a lo que ahora fácilmente se les coloca la etiqueta vintage. Los diseños buscaban las formas simples, reconocibles: combinación de dos colores, a lo sumo tres, y líneas horizontales; predominio de los colores vivos, combinados con el blanco; letras del patrocinador, a veces único, grandes y legibles. Como muestra algunos ejemplos:

El equipo italo-belga FAEMA de 1969

Equipo PEUGEOT - BP - Michelin, de 1967, con su característico diseño ajedrezado. En el fotografía, nada menos que Eddy Merckx.
El italiano Michele Dancelli con el maillot del equipo PEPSI de 1968.
El alemán occidental Rolf Wolfshohl con el maillot del equipo BIC de 1968.

El equipo belga ROMEO - SMITH'S de 1967. En la fotografía, Bas Maliepaard.
Federico Martín Bahamontes luciendo el maillot del MARGNAT - PALOMA, equipo francés al que perteneció desde 1962 a 1964.
La marca de vermouth CYNAR patrocinó este equipo con tan vistoso maillot en 1963 y 1964.
El alemán occidental Hans Junkermann con el maillot del equipo belga WIEL'S -GROENE LEEUW. El alemán corrió en este equipo desde 1962 a 1964.
Equipo italiano MAX MEYER, de 1967. Como reminiscencia de épocas anteriores, este maillot tiene bolsillos delanteros.
El belga Emile Daems con el maillot del PHILCO de 1962.
El alemán occidental Rudi Altig con el maillot del SAINT RAPHAËL - HELYETT de 1962, equipo de Jacques Anquetil.
El maillot MERCIER - BP, presente en los pelotones hasta 1969. En la foto, Georges Chappe, gregario de Raymond Poulidor.



miércoles, 4 de abril de 2012

RAREZAS (V): ENTR'ACTE

El cortometraje que propongo hoy es uno de las más destacadas producciones del cine dadaísta, o al menos, una de las más divertidas: Entr'acte, de René Clair, estrenada en 1924 como interludio o divertimento para la pausa de un espectáculo de ballet. 

En realidad, Entr'acte tiene todo el aire de un corto hecho entre amigos. ¡Pero qué amigos! Los artistas plásticos Francis Picabia y Marcel Duchamp, el fotógrafo Man Ray, el compositor Eric Satie...la crème de la crème del arte de vanguardias de entreguerras. Como maestros del absurdo, la película pretende desmontar, y atacar de forma divertida y alocada, las convenciones de la sociedad burguesa. La película se articula en dos partes: en la primera, los personajes convierten las azoteas y tejados de París en un espacio de juego, que acaba convirtiéndose en un coto de caza (en el sentido literal). En esta primera parte vemos a Satie y Picabia preparando en un inicio el cañón con el que "atacar" al espectador; posteriormente veremos a Duchamp y Ray jugando al ajedrez. 

La segunda parte es una parodia de un entierro, acto que ningún burgués respetuoso del protocolo y de las circunstancias se tomaría a cachondeo. La comitiva de asistentes acabará corriendo tras un carruaje fúnebre demasiado juguetón, que decide tomar la delantera por su cuenta.


Ya en el terreno personal, que no viene al caso por otro lado, difícilmente puedo olvidar el momento en que vi esta película. Eran los años de estudiante, en una clase de audiovisuales algo lóbrega y mal ventilada... Tampoco puedo olvidar las palabras de Pilar Pedraza sobre la película, al menos sobre la parte final, que no dudó en calificar, con toda la razón, como un auténtico "masaje visual".

lunes, 2 de abril de 2012

RAREZAS (IV): JAN SVANKMAJER

Después de una breve incursión en el largometraje y en el cine de "altos vuelos", regreso a la esencia del apartado "rarezas": los cortometrajes, especialmente los cortometrajes bizarros, extraños, barrocos y algo surreales. Estas son las pequeñas dosis del antídoto necesario para desvincularse poco a poco de la abrumadora pesadez del entorno, sumergiéndonos así en esa otra esfera paralela a la de la realidad social, el compromiso y el trabajo: la esfera de la imaginación, la creación desmedida y la búsqueda de lo imposible a través del arte. Y después de este breve rodeo, que no pretende otra cosa que caldear el ambiente, entremos en materia.

Hoy traigo entre manos algo de animación; en este caso, animación checa. ¿Animación checa? De entrada, podemos asustarnos simplemente al leer la etiqueta de "animación checa". O incluso más, al leer la etiqueta de "animación checoeslovaca", que es de lo que realmente se trata.  Pero en cuestiones de arte hay que dejarse los remilgos en casa, así como los temores y la vacilación ante el peligro del aburrimiento, y lanzarse de cabeza - con los ojos cerrados incluso - al abismo del arte de vanguardias. El arte de Jan Svankmajer así lo merece.

Svankmajer es un maestro de la stop-motion. Un artista ante todo barroco, que sabe que muchas veces lo artístico crece en el terreno resbaladizo que dista entre lo irónico y lo desagradable, entre lo sublime y lo ridículo. Así que me dejo de prolegómenos, y cuelgo aquí tres de sus cortometrajes: Historia Naturae - suite (1967), Dimensiones del diálogo (1982), y especialmente dedicado a los amantes del fútbol, Juegos viriles (1988). Recomendación especial: evitar verlos después de las comidas.







jueves, 29 de marzo de 2012

RAREZAS (III): EL COLOR DE LA GRANADA

Retomo el blog tras un tiempo de silencio con una nueva rareza. Pero antes de comenzar haré un inciso. Para parecer menos estúpido, quizá deba matizar, diciendo que ninguna de todas estas rarezas lo son en cuanto películas desconocidísimas: me revientan ese tipo de blogs de enteradillos, así que no pretendo que este se convierta en uno de ellos. Simplemente son rarezas en cuanto películas sorprendentes, al menos para mí, que me apetece compartir en la medida de mis posibilidades.(Durante esta ausencia he visto varias "rarezas" que me apatecería comentar, aunque eso sí, no sé si mi inconstancia me permitirá hablar de todas ellas).



Dicho esto, entremos en materia. La película en cuestión es El color de la granada (Sayat Nova), película armenia de 1969, dirigida por Sergei Paradzhanov (o Sargis Paradzhanian en armenio). Se trata de una biografía sobre el mayor poeta de la literatura armenia clásica (de la que no tengo ni puta idea, dicho sea de paso), Sayat Nova, o lo que es lo mismo "el maestro de las canciones". Y en cuanto película armenia, es también una película soviética. Y si Don Quijote topó con la Iglesia...Paradzhanov topó con el Goskino y las autoridades soviéticas, que le hicieron la vida imposible. Demasiado folklore no ruso, demasiada referencia a la religión, demasiada vanguardia, demasiada estética y demasiada confusión sexual para las carquísimas autoridades soviéticas.

Pero no radican en el malditismo las virtudes de esta película. De entrada, cabe decir que se trata de una película atípica. Paradzhanov no construye una biografía al uso, sino que se inspira en los versos del poeta para crear una serie de imágenes, hieráticas y algo surreales, que "recrean" la vida del poeta. Todo ello con ausencia de diálogos: lo único que escuchamos a lo largo de la película son los sugestivos versos cantados o recitados en armenio. Pese a que esta descripción pueda equipararse de buenas a primeras a "coñazo monumental", Paradzhanov se las ingenia para crear una película muy lograda estéticamente, hipnótica a su manera. Crea un mundo con reglas propias...¿y qué mejor puede hacer un artista que crear su propio universo? No hay sentimientos, sino gestualidad ritualizada que remite al teatro de mimos o al teatro japonés. En el montaje, algunas escenas se repiten, creando una sensación de cadenciosa rima. Algunos objetos aparecen a lo largo de la película, (no solo la granada que da nombre a la película en ruso, sino también la caracola, los montones de tierra, el kamacheh o especie de violín que usaba el poeta, etc.) confiriendo al film un significado simbólico que rehuye toda interpretación unilateral. Precisamente en eso reside la grandeza de la película: es un mosaico sugerente para el ojo, hipnótico para el oído, e inspirador para la mente.

Paradzhanov se sirve de cuatro intérpretes diferentes para encarnar las cuatro etapas de la vida del poeta: la infancia, la juventud, la madurez y la vejez. El episodio de la infancia viene dominado por el descubrimiento de las formas del mundo: los colores, los cuerpos, el agua...y también por el descubrimiento de los libros. Un impresionante plano nos muestra al poeta-niño tendido en el tejado de una iglesia, rodeado de los libros abiertos para secarse al sol tras un aguacero. 



La juventud del poeta constituye el momento álgido de la película. Para comprender mejor estos episodios, cabe tener en cuenta que Sayat Nova se enamoró de la princesa de Georgia, y acabó siendo expulsado de la corte. Pues bien, la misma actriz (Sofiko Chiaureli) interpreta al poeta y a su amada, en unas escenas en las que aparecen recluidos en una estancia blanca, vacía, ajena al mundo externo: ¿quizá una referencia al mundo perfecto y bello de la juventud? El poeta se muestra en todo momento consciente de su arte: la amada juega con una madeja de hilos. El hecho de que tanto amado como amada estén interpretados por la misma intérprete puede deberse a varias razones (o quizá a ninguna): ¿puede que de esa manera quede representada la unión de las almas de los amantes, expresada en la fusión e identidad de sus cuerpos? ¿puede que represente la voluntad del poeta de buscar en la amada lo idéntico, y por eso exprese la concepción narcisista del amor, entendido como "la búsqueda de uno mismo" o "el enamoramiento de uno mismo"? ¿o puede simplemente aludir a la "confusión de los sexos" y de las tendencias sexuales de la primera juventud, y de la aspiración al travestismo latente en el hombre?  Finalmente asistimos a una representación teatral, mímica y algo irónica, que muestra la naturaleza precaria y artificial del amor. 



La madurez la pasa el poeta en el monasterio: se deshace de su túnica roja y adopta la negra. La madurez es el periodo vital del lánguido y repetitivo discurrir del tiempo, marcado por lo cíclico: las tareas agrícolas y las liturgias. Se encadena un año tras otro, y pasan volando. Pero también es el tiempo de las nostalgias y de los trabajos inútiles (el poeta cava y cava la tumba del katholicos en una iglesia, que se va llenando de corderos al mismo ritmo que el poeta va hundiéndose en la fosa). La vejez es la preparación para la muerte: el ángel de la muerte (con los ojos vendados) y el poeta se buscan pero no se encuentran. Finalmente el poeta muere pero su musa, o su poesía, pervive. 

¿Paradzhanov vería alguna vez el Misteri d'Elx?

Invito a que veáis esta gran película. Pero si lo hacéis, no la busquéis en Dvd. La edición española en Dvd es muy mala: los cantos armenios están doblados al ruso. Recomiendo verla por Youtube (está entera con subtítulos en italiano).Aquí, un trocito (hay que buscarla como Il colore del melograno). 


lunes, 6 de febrero de 2012

SOBRE VALVERDE, CONTADOR, Y EL FUTURO DEL CICLISMO

Quería escribir desde hace algunos días sobre el retorno del ciclista Alejandro Valverde a los pelotones profesionales, después de su sanción por su "presunta" implicación en la Operación Puerto, cuando hoy por fin se ha dado por concluido el caso Contador, con una resolución similar a la que se aplicó en su día al ciclista murciano: dos años también para Contador. Uno vuelve y el otro se va. Desgraciadamente, el ciclismo profesional se está acostumbrando demasiado a las sanciones y a las reapariciones.

Victoria de Alejandro Valverde en el Tour Down Under, delante de Simon Gerrans. Al cuarto día de competición oficial tras su sanción, Valverde vuelve a ganar
Desde que se retiró Lance Armstrong, durante cuyo reinado pareció dominar cierto velo de silencio en torno al doping, dos ganadores de Tour han sido desposeídos de su victoria (Landis en 2006, y ahora Contador en 2010), y otro fue expulsado de carrera por un turbio asunto, nunca esclarecido, cuando iba a ser el claro vencedor: el danés Michael Rasmussen en la edición de 2007, que acabaría venciendo precisamente Contador. Desde 1998 se han ido acumulando casos, implicados, tramas de dopaje organizado en torno a oscuros médicos, productos milagrosos, prácticas escalofriantes... gotita a gotita hasta colmar el vaso. Heras, Vinokourov, Riccó, Schumacher, Kohl, Di Luca, Sella, Mazzoleni, Rebellin, Hamilton, Sevilla, Astarloza... Muchos nombres. Demasiados.  

Floyd Landis y Michael Rasmussen. De héroes a villanos.
Y el último, Contador ¿Qué opino sobre el tema de Contador? Los medios de comunicación mayoritarios españoles se ha puesto desde el principio de lado del deportista con cierto patrioterismo. Los mismos que solo hablan de ciclismo en los telediarios cuando éste está relacionado con el doping, son los que han esgrimido durante este año la causa de Contador como si se tratase de una cuestión de orgullo nacional: "los de la UCI nos quieren quitar los tours de Contador". Alguno suelta la cantinela de "ya lo intentaron hacer los franceses con Perico." A mí todo eso me recuerda al viejo lema del "que inventen ellos". Lo siento, me suena ridículo y desfasado, con lo cual mi opinión no va por esos derroteros. Tan solo algunos periodistas, amantes auténticos de este deporte, y que saben valorarlo por tanto por encima de banderas y forofismos, han mostrado una interpretación más neutral, más racional, más cautelosa, del caso Contador: el semanario Meta2mil, Carlos Arribas desde El País, Antonio Alix desde Eurosport, por poner algunos ejemplos.

Los dos protagonistas del ciclismo en los despachos en la temporada 2011: Pat McQuaid, presidente de la UCI, y Alberto Contador.

Desgraciadamente, Contador cometió un error. Ya sea conscientemente, ya sea involuntariamente comiendo ese chuletoncito condimentado con clembuterol, esa sustancia no debió aparecer nunca en su organismo. Los reglamentos dicen que todo deportista debe ser responsable de lo que ingiere, sea premeditadamente o no, y aunque se especulase con cambiar tal reglamento, la excepción no debía hacerse "por ser Contador".  

Con ello no quiero decir que esté al cien por cien de acuerdo con la sanción. Me parece en cierta forma coherente que pierda el Tour de Francia de 2010, pero no así el Giro de Italia del 2011. En lo respectivo a la ronda italiana sí me parece que las instituciones deportivas están cometiendo una total injusticia con el español. Contador pudo correr el Giro porque se lo permitieron: la Federación española lo eximió, y la UCI, el AMA y el TAS alargaron en exceso el proceso, que debería haber acabado en diciembre de 2010 como mucho. La justicia deportiva ha demostrado una vez más ser inoperante y lenta, incapaz de tomar decisiones rápidas.  Se fueron pasando unos a otros la "patata caliente", y si se permitió a Contador correr el Giro, no hay razón alguna para desposeerle de la victoria. Más si cabe no habiendo dado positivo en ninguno de los controles antidopaje a los que se sometió durante el Giro. 

Quizá hubiese sido más lógico comenzar a contar a partir de ahora los dos años de sanción, a los que se tendría que descontar el breve periodo de suspensión cautelar de invierno del 2010/2011. Pero no, se ha decidido tomar una decisión ejemplar con Contador, dolorosa si se quiere, como la que se tomó en su día con Alejandro Valverde.  La Federación española no se ha mostrado en ningún momento contundente con los asuntos turbios; su política ha sido siempre la de lavarse las manos y delegar en las autoridades internacionales. Y éstas no suelen tener clemencia. 

De hecho, España no parece ser demasiado bien vista por las instituciones deportivas internacionales: es juzgado, quizá a la ligera, como un país con cierta connivencia con el dopaje. Puede que sea por demasiados años de samaranchismo. Pero en el caso del ciclismo, todo parece remontarse a la mala gestión de la Operación Puerto en junio de 2006. Al destaparse la trama de dopaje organizado del laboratorio del doctor(?) Eufemiano Fuentes se armó mucho alboroto, se barajaron muchos nombres, se ensuciaron muchas reputaciones, pero a la hora de la verdad no hubo ni sanciones legales (Fuentes se salió de rositas vergonzosamente), ni deportivas (ningún ciclista fue sancionado), ni hubo confesiones públicas (como si las hubo en Italia y Alemania, con los casos de Basso y Ullrich). En resumidas cuentas, desde entonces a España se la sigue con lupa.

Con ello no quiero hacer mío el recurso victimista patriotero de los medios de comunicación a los que antes criticaba. No estoy diciendo que a Contador se le haya sanciado por ser español: se le ha sanciado por dar positivo, pero sí que se le ha juzgado con la máxima severidad, con la intención de dar ejemplo quizá, dado que las autoridades españolas no han mostrado la suficiente contundencia en la lucha antidopaje en el pasado. En España se hicieron las cosas mal, muy mal, rematadamente mal; la lucha contra el dopaje se ha hecho siempre de cara a la galería, buscando el titular espectacular, y no se ha investigado nunca hasta el final. Se han dejado siempre las cosas a mitad. No hay que olvidar que en las fechas de la Operación Puerto estaba en juego la candidatura de Madrid para las olimpiadas, y era necesario reforzar la credibilidad de las autoridades deportivas españolas de cara al exterior en materia antidopaje.

Con lo cual, su descalificación del Tour de Francia de 2010 me parece justificable y consecuente; no así su descalificación de todas las pruebas del 2011, año durante el cual se le permitió correr, y en el que pasó todos los controles habidos y por haber. Me hubiese parecido más razonable, como decía, una sanción de dos años contada a partir de ahora. Aun así, me parecía bastante improductivo que Contador se sumergiese de nuevo en una espiral de reclamaciones y juicios, que a nada le va a conducir salvo a su debilitamiento psicológico. 

Está claro que el ciclismo como deporte necesita más de algún cambio. Es un poco frustrante comprobar cómo la bicicleta tiene cada día más adeptos, y el ciclismo pierde a pasos agigantados su credibilidad como deporte. Quizá deba hacerse más humano (no siempre más montaña es sinónimo de más espectacularidad),  se debería valorar de nuevo la inteligencia táctica de los ciclistas y no solo su fuerza y resistencia (eliminando por tanto los pinganillos de una vez); debería internacionalizarse y modernizarse sin perder de vista en ningún momento la tradición (buen ejemplo de carreras nuevas que armonizan con la tradición serían La Eroica o el Tro-Bro Léon), y quizá debería también desprofesionalizarse un poco. De todas formas, Contador no tardará mucho en volver a competir: y esperemos que vuelva con la misma ansia de victorias con la que volvió Valverde a la competición.  

Dos carreras "nuevas" que se cimentan en la tradición de este deporte: el Tro-Bro Léon, en la Bretaña, y L'Eroica, en la Toscana. 


Quizá aquí esté el "futuro" del ciclismo: L'Eroica organiza  una carrera para profesionales, pero también una marcha cicloturista "retro".

miércoles, 1 de febrero de 2012

RAREZAS (II): LEO ES PARDO

Vamos con  la segunda rareza, Leo es pardo (1976), cortometraje que Iván Zulueta realizó como ensayo de Arrebato, la obra maestra no redonda e imperfecta del cine español (la redonda sería quizá El espíritu de la colmena).

Iván Zulueta. ¿Qué puedo decir de él? Cineasta, diseñador gráfico, artista-pop...Su cine experimental y al límite fue una especie de preludio del cine de Almodóvar. Hasta 1980, el manchego fue una especie de alumno del vasco: a partir de esa fecha, la carrera del primero no paró de ascender, al igual que la carrera del segundo comenzó su descenso más vertiginoso. Zulueta comenzó trabajando para TVE en Último grito, el programa más moderno del tardofranquismo, con Íñigo como conductor. Zulueta, proveniente de una familia burguesa de San Sebastián, ya conocía el cine (su padre era director del Festival de cine de San Sebastián) y ya había visitado Nueva York, quedando totalmente impactado por el pop art. En esa misma onda pop, Zulueta realizó Un, dos, tres...al escondite inglés, de la que ya se ha hablado en este blog: una especie de concatenación de videoclips de los grupos españoles de moda, hilados mediante una trama un tanto surrealista y espontánea.

Los setenta fueron para Zulueta años de experimentación con el super-8: en su producción destacan KingKong, Masaje, A-malgam-A, o El mensaje es facial. En todos estos cortos, Zulueta se interesó por los cambios de luz, las aceleraciones de la imagen, la apropiación de imágenes ajenas, adulterándolas de alguna manera (KingKong es simplemente una versión acelerada de la película de los años 30; El mensaje es facial muestra una serie de primeros planos de rostros, montados a gran velocidad). También realizó algunos de los cárteles de cine más conocidos de la Transición: Furtivos, Asignatura pendiente, Demonios en el jardín, los carteles para Viridiana y La edad de oro de Buñuel, estrenadas después del franquismo, etc. E igualmente, comenzó con la heroína. 


Arrebato es una película realizada desde la droga, que muestra la difícil cohabitación entre cine, o arte en general, y vida. Una vez realizada esta película, pasó al anonimato. Fueron años duros de adicción, en los que todos sus proyectos cinematográficos quedaron truncados. Tan sólo continuó realizando algunos carteles para las primeras películas de Almodóvar (Laberintos de pasión, ¿Qué he hecho yo para merecer esto? o Entre tinieblas) a principios de los ochenta. Al final de la década, pareció salir del túnel, realizando dos breves  incursiones en el medio televisivo, Par-pa-dos y Ritesti, dos peliculitas para TVE. Los últimos años los pasó en su casa de San Sebastián, en el monte Igueldo, con su madre y su metadona. Murió el 30 de diciembre de 2009, dos días después que Joan Monleón.
En concreto Leo es pardo muestra algunos de los elementos que aparecerán luego en Arrebato: el ambiente doméstico como un lugar extraño y amenazante, el deseo de escapismo, las aceleraciones del tiempo, el doble...


Zulueta ha acabado convirtiéndose con el tiempo en un director de culto, o más bien en el director maldito del cine español, quizá a su pesar. Quién sabe si hubiese podido realizar más películas, o incluso mejores, de haber rebajado un poco su nivel de autoexigencia.